Y sin embargo se mueve. Selección de columnas periodísticas públicas en El Tiempo 1993-2013
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Prólogo Osear Collazos, periodista 
Introducción 
Escribir en El Tiempo 
Entre libros 
La bella y la bestia
Suplementos literarios
México y los intelectuales
Vallejo, la virgen y los sicarios
El proceso de Kafka
Bibliotecas públicas 
Estética de la ortografía 
Leer libros, comprar libros Alerta de Saramago sobre estado policivo
Piratería de libros 
Manuel Zapata Olivella, el gran putas
El Sartre que nos tocó 
Lectores de éxitos 
Leer o no leer, ese es el dilema
Impuestos y derechos de autor
El espectáculo de Vallejo
Saber leer y escribir 
Germán Espinosa 
Los nadaístas 
Últimas tardes con Juan Marsé
Leer libros Benedetti 
Saramago y Monsiváis
La geopolítica del Nobel
La memoria y el infierno 
Literatura y mayoría de edad
Sobre Sábato 
La sicaresca colombiana
Conversar 
Los 85 de Gabo 
De burdeles y otras antigüedades
Sobre héroes y traidores 
Las guerras y la paz en Macondo
Leer letras e imágenes 
Portugal en abril 
A Evo no le gusta leer
Horacio Benavides Campo y modernidad
Memoria y olvido GGM 
Amistades resbalosas
Industrias para el olvido
Los olvidados 
Los escritores en la República
Conciencia abierta de América Latina
Macondo en la FilBo 
El ladrón de libros 
Política 
Elián González, el rehén 
La tentación de la politología
Siglo, guerras y narcisismo 
Un proyecto de y para mujeres
El voto de la miseria 
Fulgor y muerte del neoliberalismo
Los candidatos y la cultura 
Cuba y los derechos humanos
Mentir porque le mintieron 
Los rasgos del déspota 
Palabra vecina 
Enfermedad llamada Colombia
Conjeturas 
Realidad y publicidad
Presidentas
Alzhéimer 
Baby Doc 
¿y los empresarios qué? 
Partidos, avales y otras miserias
Tragicomedia del Patriarca
Suprema felicidad 
9 de abril 
¡Ay, España! 
El comején institucional
Y sin embargo se mueve Violencia
Periodistas: ni problema ni solución
Amor en tiempos de guerra 
Visas en tierra propia 
Más sobre la legalización 
Terrorismo manual, guerra tecnológica
Miedo y autoridad 
Un columnista amenazado
Sobre abortos y crímenes
Excomuniones, inquisiciones
Contrarreforma agraria
Hipopótamos 
Ciudadanía y solidaridad
Pesadillas 
Retratos de familia
Víctimas: una reseña
Delito de sangre
Conflicto y cultura
Fiestas de sangre 
El huevo de la serpiente 
La condición humana 
Una historia de amor en tiempos de guerra
Los incautos y el fin del mundo 
Belleza: entre el Reinado Nacional y el popular
Qué hacer con el genoma Los desechos y el reciclaje 
Soy zurdo, a mucho honor 
Instrucciones para eliminar al adversario
Iglesia y homosexualidad 
Elogio del rebusque 
Jodidos pero contentos 
La moral de las guerras 
Convivencia 
Discriminación 
Micrófonos en el ataúd 
Los bandidos redentores
Colombianas y colombianos
Una inteligencia superior
El mercado de los héroes
¿Más tics? No, gracias 
La cultura del vallenato
Copy, paste y plagio
Ricos y famosos 
La felicidad, ija, ja! 
El chamán y la lluvia
Gatsby 
Regionalismos 
Habitantes de la calle
Conversos y torquemadas
El provincianismo ilustrado
El humor y la ironía
Sanción social 
El original y la copia
Separaciones 
La fe 
Niños y consumidores
La bolsa de la belleza
Insultos 
La eterna juventud
Sobre la amistad 
Cartagena 
El colegio del cuerpo
Las otras comunas
Cartagena se caotiza
Quo Vadis, Cartagena 
Las ciudades y el mercado
El populismo y la cultura
Los ricos se amurallan
Turismo, ¿cuál modelo?
Festicine Cartagena
Cartagena 
Prosperidad y miseria
Estereotipos 
Entre la frivolidad y el ridículo
Trámites 
El Pacífico 
El Chocó y su otra corona de espinas
La cuenca del Pacífico 
Emergencia humanitaria 
Crimen y castigo 
¿Es viable el Chocó?
Afrocolombianos en Washington
Cumbre del Pacífico 
Buenaventura 
El triángulo de la vergüenza
La enfermedad 
Ciencia, poesía y memoria
Al doctor Rodolfo Llinás
La voz propia 
Lectores de la vida moderna
E-mail: público o privado 
Algunas recomendaciones para escribir columnas de opinión 
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Y sin embargo se mueve. Selección de columnas periodísticas públicas en El Tiempo 1993-2013

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Sujeto y cultura son dos de los más férreos testimonios entre esas sublimes ficciones a las que solemos llamar realidades, las que, por demás, dan cuenta de su sentido sólo porque se fundan en creencias. Y no hacemos referencia específica al campo religioso, aunque en él la creencia aparezca con los bríos más notables. Si alguien afirmara que es no creyente, no haría más que En la biblioteca del colegio Pascual de Andagoya de Buenaventura comenzó Óscar Collazos su andadura por el mundo de los libros. Andadura que refrendaría luego en la Facultad de Sociología en la Universidad Nacional de Bogotá y en el Teatro Escuela de Cali con Enrique Buenaventura o trabajando en la Casa de América en Cuba, donde recopiló papeles sobre el vanguardismo en nuestro continente y prologó con acierto el Adán Buenosayres, de Leopoldo Marechal. Este sustrato sostendría su columna del periódico El Tiempo. Allí publicó muy justas semblanzas sobre Manuel Zapata Olivella y Fernando Vallejo, entre otros, y escribió de antropología, enfocado en la transculturación africana con niños transformados en santos, o de la sicariesca colombiana, con balas bendecidas para no errar el tiro.

Tabla de Contenido

Contenido
Prólogo Osear Collazos, periodista 
Introducción 
Escribir en El Tiempo 
Entre libros 
La bella y la bestia
Suplementos literarios
México y los intelectuales
Vallejo, la virgen y los sicarios
El proceso de Kafka
Bibliotecas públicas 
Estética de la ortografía 
Leer libros, comprar libros Alerta de Saramago sobre estado policivo
Piratería de libros 
Manuel Zapata Olivella, el gran putas
El Sartre que nos tocó 
Lectores de éxitos 
Leer o no leer, ese es el dilema
Impuestos y derechos de autor
El espectáculo de Vallejo
Saber leer y escribir 
Germán Espinosa 
Los nadaístas 
Últimas tardes con Juan Marsé
Leer libros Benedetti 
Saramago y Monsiváis
La geopolítica del Nobel
La memoria y el infierno 
Literatura y mayoría de edad
Sobre Sábato 
La sicaresca colombiana
Conversar 
Los 85 de Gabo 
De burdeles y otras antigüedades
Sobre héroes y traidores 
Las guerras y la paz en Macondo
Leer letras e imágenes 
Portugal en abril 
A Evo no le gusta leer
Horacio Benavides Campo y modernidad
Memoria y olvido GGM 
Amistades resbalosas
Industrias para el olvido
Los olvidados 
Los escritores en la República
Conciencia abierta de América Latina
Macondo en la FilBo 
El ladrón de libros 
Política 
Elián González, el rehén 
La tentación de la politología
Siglo, guerras y narcisismo 
Un proyecto de y para mujeres
El voto de la miseria 
Fulgor y muerte del neoliberalismo
Los candidatos y la cultura 
Cuba y los derechos humanos
Mentir porque le mintieron 
Los rasgos del déspota 
Palabra vecina 
Enfermedad llamada Colombia
Conjeturas 
Realidad y publicidad
Presidentas
Alzhéimer 
Baby Doc 
¿y los empresarios qué? 
Partidos, avales y otras miserias
Tragicomedia del Patriarca
Suprema felicidad 
9 de abril 
¡Ay, España! 
El comején institucional
Y sin embargo se mueve Violencia
Periodistas: ni problema ni solución
Amor en tiempos de guerra 
Visas en tierra propia 
Más sobre la legalización 
Terrorismo manual, guerra tecnológica
Miedo y autoridad 
Un columnista amenazado
Sobre abortos y crímenes
Excomuniones, inquisiciones
Contrarreforma agraria
Hipopótamos 
Ciudadanía y solidaridad
Pesadillas 
Retratos de familia
Víctimas: una reseña
Delito de sangre
Conflicto y cultura
Fiestas de sangre 
El huevo de la serpiente 
La condición humana 
Una historia de amor en tiempos de guerra
Los incautos y el fin del mundo 
Belleza: entre el Reinado Nacional y el popular
Qué hacer con el genoma Los desechos y el reciclaje 
Soy zurdo, a mucho honor 
Instrucciones para eliminar al adversario
Iglesia y homosexualidad 
Elogio del rebusque 
Jodidos pero contentos 
La moral de las guerras 
Convivencia 
Discriminación 
Micrófonos en el ataúd 
Los bandidos redentores
Colombianas y colombianos
Una inteligencia superior
El mercado de los héroes
¿Más tics? No, gracias 
La cultura del vallenato
Copy, paste y plagio
Ricos y famosos 
La felicidad, ija, ja! 
El chamán y la lluvia
Gatsby 
Regionalismos 
Habitantes de la calle
Conversos y torquemadas
El provincianismo ilustrado
El humor y la ironía
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El original y la copia
Separaciones 
La fe 
Niños y consumidores
La bolsa de la belleza
Insultos 
La eterna juventud
Sobre la amistad 
Cartagena 
El colegio del cuerpo
Las otras comunas
Cartagena se caotiza
Quo Vadis, Cartagena 
Las ciudades y el mercado
El populismo y la cultura
Los ricos se amurallan
Turismo, ¿cuál modelo?
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Prosperidad y miseria
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El Pacífico 
El Chocó y su otra corona de espinas
La cuenca del Pacífico 
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Crimen y castigo 
¿Es viable el Chocó?
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Buenaventura 
El triángulo de la vergüenza
La enfermedad 
Ciencia, poesía y memoria
Al doctor Rodolfo Llinás
La voz propia 
Lectores de la vida moderna
E-mail: público o privado 
Algunas recomendaciones para escribir columnas de opinión